Un texto de José Ignacio Benavidez
“La lucha misma hacia las cimas basta para llenar el corazón del hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz.”
El mito de Sísifo (1942)
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| José Ignacio Benavidez |
Ahora que anochece
Ahora que anochece, en un aliento que se agota, sin apremios y al instante de las ascuas, por fuerza me pregunto e interrogo. ¿Cuál ha sido del hombre, su lugar y el rol en este mundo? Si acaso, el de un nicho seguro que deslumbra y un espacio que acapara sediento, encandilando las miradas de los egos y el fuego fatuo, como uno entre los tantos, de aquellas sumatorias, inertes, mansas y crecientes del rebaño; o empero solo, a la inversa, el de un lugar sin credencial, de un austero ser, uno más entre los menos, el de aquellos insumisos, sospechosos e invisibles, duros desafectos, de las estrecheces y censura del redil, adscritos a una excluida, extraña y selecta membresía. Si por bula de los dioses, así los hubieres decidido, -al sumarte: en alma, restos y esperanza-, a aquel universo protector de lo profano, bello y genuino de la vida; eres, ya de facto y por derecho, parte íntima, de esa misma ilustre cofradía.
A ese umbral, impasible, cautivante y misterioso, carente de fronteras, sosiego y escaso ornato terrenal, de cumbres insalvables y simas poderosas, en el sendero irrenunciable del andar y del seguir, a él, sin dudarlo perteneces. A ese llamado limpio y transparente del camino, puesto en vos, en solitario, sin testigos ni mandantes, en horas taciturnas e indecibles, bajo la solícita mirada de la noche, donde solo moran y resisten, las más imperiosas huellas del ser y el existir, a él, también te debes.
Al final, sin punto medio has elegido. O eres uno más, como un todo, atrapado en las heredades y redes del establo y los clamores de la turba, que el tiempo y la costumbre, arruma en el montón; o eres, de golpe por azar, consciente trascendencia o postrera decisión, un poco más que algo, uno a salvo entre los menos, un vástago de vida, un gentil de extirpe libertaria, un humano de alma limpia y trashumante, rebelde y desarmada, espejo inimitable de hábitos, trasiegos e historias mal contadas, asentado en las alamedas distantes e inciertas del destino, de un breve imaginario, libre y diferente, reservado solo a aquellos que, un día, aprendieron y enseñaron a soñar.

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