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La Revista La Rueda.

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Tomado de Hipermnémesis, Bogotá, Moscú, Popayán, sin editar. Por Gonzalo Buenahora Durán. E n ese mismo período fue que sucedió que yo fuera conociendo a aquellos individuos que iban a ser mis amigos durante los próximos años en Popayán, y con los que poco a poco fuimos creando una sólida amistad que desembocó en variadas aventuras y en un taller literario que tuvo como consecuencia destacable haber publicado entre 1979 y 1985 siete números de una revista que pretendía agrupar a los poetas y cuentistas de la ciudad y que se llamó, no sé por qué razón, La Rueda .  El primero de esos individuos fue José María Serrano, bibliotecario de la universidad del Cauca, que había llegado de Santa Marta, con quien nos hicimos amigos con solo mirarnos y conversar una sola vez; José María padecía una enfermedad llamada esclerodermia, apodada por el vulgo “picoeloro” y que consiste en el degeneramiento y la desaparición del colágeno en el cuerpo. La persona se torna flaca, casi un esqueleto forrad...

Los dioses han sido pródigos

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Jaime Cárdenas C omparto un texto de Jaime Cárdenas a raíz de la muerte de nuestro amigo Germán Mendoza, amigo de la época de La Rueda en los años 80 en Popayán, cuando estudiábamos en la Universidad del Cauca. Germán Mendoza ( 1959-2020) A fortunados habernos encontrado con el Mono . Tuvo suerte el Mono de habernos encontrado. Todos tuvimos la fortuna de coincidir y cruzarnos en ese tiempo breve tiempo del verano. No son vanaglorias. Es más simple. Tiene que ver con la felicidad, con el curso de la vía láctea. (En esos gloriosos días tampoco diste la espalda a la utopía). Y de trasfondo la ciudad de la fábula, la ciudad blanca del verano. ¡Qué amigos los de esos tiempos ¡Qué mujeres, y qué noches tan hermosas¡ Es cierto. Alguna vez lo escribí: no mirar atrás para no encontrarnos con el ilusorio espejo de la nostalgia. Pero ahora que el viento mueve las naves, es imposible negarse al sortilegio del ayer para pedir: Concédenos antes de partir, un día y una noche para ...

Germán Mendoza, maestro de periodismo

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GUSTAVO TATIS GUERRA, El Universal, 8 de marzo de 2017 E n 1995, Germán Mendoza Diago integró el equipo de periodistas que trabajó en la creación de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Desde muy niño la pasión de Germán Mendoza Diago (Ciénaga de Oro, Córdoba, 1959), ha sido el periodismo y la literatura. A sus 18 años, empezó a trabajar como periodista radial en 1977 en el Noticiero Todelar. Han transcurrido cuarenta años, y su pasión sigue intacta. Viene de una estirpe de periodistas singulares en la historia de la región y el país: su vocación se ha enriquecido con otras disciplinas como el cine, al que ha consagrado su mirada no solo como espectador y crítico, sino como creador, porque también se embarcó en la aventura de hacer cortometrajes.  A él le debemos su visión y motivación en la consolidación de los cineclubes locales como el de la Universidad de Cartagena. Junto al cine, desarrolló en sus años juveniles la escritura de cuentos y poemas, y e...

Un homenaje a Germán Mendoza, editor de El Universal de Cartagena

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Alberto Salcedo Ramos en El Colombiano E n la reciente celebración de los veinte años de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano se le rindió un homenaje al editor del periódico El Universal, Germán Mendoza Diago.   Los homenajes suelen ser una especie de indemnización moral que se les concede a ciertas personas para mandarlas al retiro. Pero en este caso es distinto. Primero, porque la organización que lideró el reconocimiento, la FNPI, no está interesada en jubilar la excelencia sino en promoverla. Y segundo, porque el homenajeado es ese tipo de reporteros que solo abandonará el oficio cuando se muera.                                                          Alberto Salcedo y Germán Mendoza Mendoza ha exhibido siempre una enorme capacidad...

Yo viví el terremoto de Popayán: crónica de un sobreviviente

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Germán Mendoza El Universal, 31 de marzo de 2013 A las 8 horas 12 minutos y 5 segundos del 31 de marzo de 1983, un Jueves Santo que había sido precedido por tres días de calor inusitado y por un aguacero torrencial de dos horas la víspera, a los habitantes de Popayán nos estremeció un poderoso ruido de avión a propulsión, cercano y aterrador, seguido por un movimiento vertical repentino y breve, y luego otro movimiento horizontal más prolongado, hasta terminar en un impacto seco, como si dos enormes tractomulas se hubieran chocado de frente. Fueron 18 segundos interminables de un terremoto de 5.5 grados en la escala de Ritcher, que destruyó a Popayán hace 30 años. Según el Instituto Geofísico de los Andes, el epicentro del sismo fue ubicado a 46 kilómetros al suroeste de la ciudad y el hipocentro a 4 kilómetros de profundidad, y la energía liberada fue equivalente al estallido de 500 toneladas de TNT o a una explosión nuclear de 10 kilotones. Una mujer mira desconc...

Popayán, marzo 4 de 1985: Una carta de Germán Mendoza

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Una carta de Germán Mendoza A loha, Mario: Tal como lo prevees en la carta última a Martha Sofía, todos nos quedamos boquiabiertos con tu matrimonio, al igual que semanas más tarde nos quedamos con el de Tololón y la Vallejo. Ojalá pudieras pegarte una rodadita por esta ciudad sin tiempo donde aún quedamos sobreviviendo unos pocos atareados con noches interminables de aguardiente. Aunque todo parezca muerto, polvoriento, o lleno de barro, lo cierto es que todavía sobrevive ese espíritu de empezar de nuevo, esperanzados en quién sabe qué. Sacamos de nuevo La Rueda (te mando un ejemplar), continuamos escribiendo algunos amparados por la nostalgia de querer empezar a mover los hilos de una nueva tragedia imaginaria, y de sentirnos como dioses, manejando destinos inexistentes, ya que los reales no podemos manejarlos a nuestro antojo. Últimamente me he estado viendo de nuevo con Cristina, recordando antiguas primaveras; pienso en otra trampa del des...

El grupo de la Rueda y sus actividades culturales en Popayán

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Mario Delgado Felipe García ha pedido a Gonzalo y a mí que hagamos sendos testimonios de La Rueda. Aquí va el mío. Generación Así era en las endiabladas noches del asombro: luchaba por obtener el pasaporte del sueño Adelante, la compañía de embriagadores y su adorada música de sándalo: el escanciador de soledades en medio, toda la tropa de rapsodas: los ungidos por la vanidad de las palabras, los destronados los invictos en retaguardia, la compañía dejada en el camino, el enlace posible de otros días y más atrás aún, el quieto uniforme de visita, el adormilado ladrón de cafetines, el abandonado Cristóbal Gnecco en La Rueda 5 L a arquitectura colonial y blanca del centro de Popayán, con sus plazuelas y parques, fue el lugar propicio para que un grupo de jóvenes, la mayoría estudiantes de la universidad del Cauca, conformaran un movimiento cultural que llamaron La Rueda.  Eran una curiosa amalgama de hombres y mujeres en sus veintes...