¿Es posible pensar la razón sin libertad?
Jaime Cárdenas
Un fragmento de un ensayo del autor
--------------
Territorio sagrado, tal como lo entendieron los antepasados,
nuestros ancestros indios, es la naturaleza, de ahí su panteísmo sabio, puesto
que supieron establecer las relaciones del universo. Inti ya no es el dios, y
los incas son pasado, pero aún es posible llegar a una alta cumbre nevada y
sentir la fuerza cósmica del universo, el aliento que los creyentes identifican
con la presencia de Dios.
Territorio sagrado las universidades. Recuerdan a las
ciudades de la antigua Grecia, a Atenas. Son el reino del pensamiento,
constituyen una de las más altas expresiones del ser humano. Son el epicentro
de la refutación, de la contradicción, de la pregunta que, precisamente
Heidegger, refiriéndose a los griegos dice que es el fundamento de todos los
saberes.
El estudiante ha dejado su adolescencia y subido en el bravo
potro de su juventud, busca su destino, de allí, de ese mundo que se le
presenta seductor, que lo intimida con las secretas vibraciones de una inmensa
casa-laberinto y el que, pasado el tiempo, le permitirá entender de qué se
habla cuando se acude a la nostalgia; de allí ese inexperto joven sale, para
bien o para mal, otro, será otro para siempre.
La universidad, territorio libre del alma, zona liberada de
la estupidez humana que afuera campea y que, paradójicamente en ocasiones se
alimentará de quienes transitaron por sus aulas y corredores. Pero, de eso se
trata, de no temer al azar, de incorporarlo en la marcha que tiene por norte a
la razón.
Si, a la razón, que es el componente fundamental de este
territorio libre, ¿es posible pensar la razón sin libertad? que es la universidad,
territorio de la universalidad incompatible con la fuerza.
Ingresar con contingentes armados a la universidad, a los
lugares sagrados, cualquiera que ellos sean, es de bárbaros. No solo se
repudia, sino que asquea el solo considerar esta posibilidad.
Si ha sucedido en el pasado es precisamente porque los que
ejercen el poder han sido sanguinarios, intonsos, rústicos, ajenos al
pensamiento, integrantes de la horda de la ignorante élite que ha considerado
al país como su finca.
Más allá de los límites que se han dado bajo la égida del
sufragio universal, en un contexto de una democracia que no deja de tener mucho
de farsa, más allá de esos límites que separan voces lucidas, quienes provienen
de la universidad deberán rugir, tal parece que es lenguaje actual, para que a
ella no entre la barbarie.
A la universidad jamás puede ingresar la ignorancia armada.

Comentarios