Camilo vuelve a Bogotá



Los restos de Camilo Torres se han identificado por peritos forenses. Camilo muere en 1.966 en Santander siendo guerrillero del ELN. Antes de incorporarse a la guerrilla había sido perseguido por los organismos de seguridad del Estado y por las jerarquías católicas, por el siniestro cardenal Concha. A esa persecución se unió toda la clase política dirigente, todo el aparato del Estado, la radio, la prensa. Fue brutal el cerco que le hicieron.

La vida de Camilo Torres fue corta, como la del Che, de Jesucristo. Camilo Torres se había ordenado en 1954 como sacerdote en Bogotá, donde había nacido. Años atrás había pasado fugazmente por la facultad de derecho de la Universidad Nacional. Posteriormente ya siendo sacerdote viaja a la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica para estudiar sociología y posteriormente se especializa en sociología urbana en la Universidad de Minnesota con la tesis: La Proletarización de Bogotá, que constituye a juicio del notable investigador Ricardo Sánchez el primer estudio moderno de sociología urbana que se realiza en nuestro país. De regreso a Colombia junto con Orlando Fals Borda funda la facultad de Sociología de la Universidad Nacional. Entre la producción intelectual del sociólogo y religioso Camilo Torres se encuentra el ensayo de 1964 “La revolución Imperativo Cristiano”. Por su parte, la acción comunal y la ESAP son el resultado de su iniciativa en favor de la organización y cualificación del sector popular.

Con Camilo se produce un hecho social excepcional: desde su lectura de las palabras de Jesucristo y en su carácter de sacerdote plantea que es necesario una revolución que destruya la injusticia que las clases en el poder habían creado. Es así que el binomio fe-alienación se deconstruye y se instaura otro paradigma teológico: fe-liberación. Se reivindica desde la teología lo que desde Marx fue el objetivo de las luchas sociales: lo concreto, lo histórico, la potencialidad de desarrollo particular del ser humano en una sociedad determinada. Con Camilo la eternidad no es la finalidad ni el sentido último de la vida terrenal, sin que ello significara abjurar de su entidad como ideario cristiano.

Hasta ese entonces los sacerdotes seguían la visión retrógrada de la iglesia que compartía y legitimaba el poder de la oligarquía colombiana. Núñez le había concedido grandes privilegios, entre ellos el determinar el rumbo de la educación y de la familia, el pacto se denominó el Concordato. En el siglo XIX curas carlistas, monárquicos, inquisidores, llegaron a Colombia, entre ellos Ezequiel Moreno, obispo en Pasto, aquel de “matar liberales no es pecado”. En la segunda mitad de este siglo llegan curas franquistas, devotos de la feroz y sombría dictadura que Francisco Franco instaura en España. En los seminarios de Colombia, de la Antioquia paisa, los futuros obispos nacidos en este país se nutrían de ese pasado oscurantista que consideraba a la ciencia pecado, posteriormente desde los pulpitos alimentarían la sumisión, la genuflexión, el abandono de la dignidad. Bienaventurados los que soportan la injusticia, el reino de los cielos será de ellos, predicaban en sus sermones. Por eso, la voz de Camilo, tras el rescate del auténtico compromiso de Jesucristo con la justicia, fue un hecho que trascendió la frontera patria y tuvo repercusiones continentales.

Camilo Torres se unió a los humillados y ofendidos y los llamó a una rebelión pacífica. En el pueblo aún estaba viva la herida del asesinato de Gaitán en el 1948, es decir habían transcurrido apenas 16 años cuando él da una lucha verdaderamente emancipatoria, durante los cuales la clase social que detentaba el poder, había sido advertida de lo que podía ser un levantamiento popular como el del 9 de abril, por eso, siguiendo las instrucciones del gobierno de los Estados Unidos se reprimía violentamente toda iniciativa que tendiera a la organización popular con el consecuente reclamo de los derechos vitales, organización que tenía vigencia siguiendo el legado anti oligárquico de Gaitán, así como también los ecos de la revolución rusa y de la entonces joven revolución cubana.


Cartel de la obra "Camilo", Teatro La Candelaria


No dudó el pueblo colombiano en apoyar a Camilo, a su proyecto de Frente Unido, este sí, un frente verdaderamente popular, no una caricatura de frente. Donde iba, los colombianos que sentían en carne propia el sufrimiento fruto de las grandes injusticias de la sociedad lo aclamaban reconociendo que el evangelio era fuente de justicia, veían la honestidad, el amor que trasmitía Camilo, su austeridad y modestia, a la par que su extraordinaria formación intelectual, todo lo cual lo llevó a ser un verdadero vocero del clamor popular por una vida nueva.

El paso a la ilegalidad, su vinculación con la insurgencia ante la inminencia de su muerte, pues era un hecho de que lo iban a matar, fue el paso que consideró indicado. Por muchos años entre los sacerdotes que tomaron partido a favor de los dominados, la figura de Camilo fue una luz para su praxis, y es reconfortante conocer a jóvenes seminaristas que tienen a Camilo como un faro espiritual.

Su cadáver fue groseramente ocultado por el ejército. Aun muerto, desde las élites lo seguían odiando, temiendo. Hoy se sabe que tendrá un lugar simbólico donde morar. Es de esperar que sea en la universidad Nacional donde Camilo nunca ha muerto.

Los obispos de Colombia se han pronunciado, pero no frente al hecho histórico del encuentro de los despojos de su hermano en la fe, sino que aireadamente han mostrado su inconformidad por las tergiversaciones de lo que denominan la divinidad de Jesucristo, es decir de ser el hijo de Dios, en clara alusión al comentario del presidente Petro quien, después de recordar el talante revolucionario de Jesucristo dijo que tuvo relaciones sexuales, seguramente con María Magdalena.

Debió ocurrir así. No es concebible que un iluminado, un poeta deje de vivir la intensidad del encuentro con la belleza que representaba la mujer con quien fue solidario, amoroso. (La gran pasión amorosa que generó Jesucristo en María Magdalena se ilustró en la opera Jesucristo Superestrella en la que Yvonne Elliman canta una hermosísima canción a Jesucristo, - I don´t know how to love him-, una declaración de amor cargada de erotismo).

Objetivamente no se puede esperar mayor cosa de los obispos. Dostoievski, fervoroso cristiano, en su monumental novela los hermanos Karamasov construye la ficción de la llegada de Jesucristo, muestra como es apresado por la jerarquía católica, por los inquisidores. El Gran Inquisidor lo visita en su celda y le recrimina por haber regresado, le dice que el pueblo no necesita su palabra, ni libertad sino pan, le conmina a que se vaya y así salve su vida.

Es un hecho que hay grandes distancias entre el pensamiento y la acción de Jesucristo y el de las jerarquías católicas – mejor no hablar de los pastores evangélicos, ahorrémonos palabras-, hasta tal punto que resultan antagónicos.

Frente a la noticia del descubrimiento de los restos de Camilo Torres, Petro acertadamente ha indicado que recibirá los honores correspondientes. Por justicia se debe convocar al estudio de su pensamiento, determinar una edición especial de sus escritos, citar a un acto masivo para un entierro simbólico, determinar la construcción de una casa museo, mantener viva su memoria.

Camilo vuelve nuevamente a Bogotá, a su universidad, de donde nunca se fue.

Camilo, el gran Camilo Torres.


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