El viaje al Micay

 




El viaje al Micay


Gonzalo Buenahora




Departamento del Cauca, Colombia. Fuente Wikimedia Commons.



Pero volviendo a Colombia, hacia el año de 1988 adquirí en la librería El Zancudo de Popayán una biografía de Adolfo Hitler escrita por el historiador y periodista alemán, cercano a la ideología de derecha, Joaquim Fest, donde el autor expone que el ascenso del nazismo al poder en Alemania no se debió a las circunstancias político/económicas imperantes en Europa, sino a la dura y eficiente labor que Hitler como político había ejercido en la década de los años 20, una vez abandonó el trabajo de espía que le había encomendado el ejército alemán. Enviado a escudriñar que sucedía al interior del diminuto partido Obrero Nacional alemán, entró como un militante más y pronto tomó la jefatura, lo reformó y lo empoderó, convirtiéndolo en el Partido Obrero Nacional Socialista de Alemania o Partido Nazi, que llegó al poder en 1933. Explicaba Fest que, aunque rechazaba las barbaridades que el gobernante del curioso bigotito había forjado, aplicando la Eutanasia y desarrollando la Solución Final, u Holocausto, y emprendiendo la Segunda Guerra Mundial con los 60 millones de muertos que conllevó, él iba a hacer hincapié en las innegables habilidades políticas de Hitler. 

Pues alguna vez, Juan José Chaux, director de la CRC, Corporación para la reconstrucción del Cauca pos terremoto, fue a mi casa y mirando entre mis libros encontró el libro del historiador alemán. Emocionado me lo pidió prestado y se lo llevó. Días más tarde pasó por mi casa y me comunicó que no me lo iba a devolver. Lo que yo no me imaginaba era el resultado que esa lectura iba a hacer en el cerebro de Chaux. Juan José era el segundo al mando de una variante del Partido Liberal liderada en el Cauca por Guillermo Alberto González, llamada “Poder Popular”, y cuando la CRC fue dejada por José Arquímedes de Angulo, su primer director, que la utilizó para venderle al Municipio sus fincas, especialmente una bastante improductiva y que es donde hoy queda el populoso barrio La Paz, pues Juan José lo reemplazó. Chaux Mosquera, como era natural, ayudado por mi amigo Rafael Albán, connotado y diestro populista, a quien nombró su secretario ejecutivo, utilizó la Corporación para hacer política y mal que bien con el tiempo fue elegido Representante a la Cámara por el partido citado. Un político se distingue porque sus ambiciones son desmedidas y la representaduría parlamentaria no le bastó a Chaux para quedarse tranquilo, haciéndole bien a sus electores y a él mismo, porque las prebendas de un legislador son formidables: inmunidad jurídica, sueldo jugoso, carros blindados, guardaespaldas, celulares sin costo alguno, servicios médicos impecables, pasajes internos gratis y placenteros viajes al exterior, por nombrar algunas de ellas. Entonces Juan José comenzó a pensar en una alianza con la Unión Patriótica que, como todos recuerdan, antes de su exterminio (1982 a 2002) estaba obteniendo cada vez más y más votos entre el pueblo colombiano, amenazando con llegar al poder por medio de la vía electoral. Fue cuando por el año de 1993 Rafael Albán me expuso:

-Hermano. Juan José va a ir a hablar con las FARC a Argelia y quiere que Ud. nos acompañe.

- ¿Yo? ¿Hablar con las FARC? Ni por el putas- fue mi reacción.

Yo tenía alguna notoriedad de ser de las FARC y era consciente que desde 1985 estaban asesinando gota a gota y cada vez más crecientemente a los miembros de la Unión Patriótica y por ningún motivo me convenía ir a hablar con la guerrilla. Pero que yo tuviera fama de ser amigo de la guerrilla era más que natural por causa de mis antecedentes: estadía en la Unión Soviética, pertenencia al Partido Comunista y una bocota que decía lo que se viniera a la mente sin medir las consecuencias. Eso lo corroboré cuando estando yo dando clase en un aula del Antiguo Liceo tocaron a mi puerta, y una de las hijas del entonces Gobernador del Cauca, el historiador Jaime Castrillón Arboleda, Marta Mercedes, asomó su bonita cara. Les solicité a mis estudiantes que me permitieran un momento y salí a hablar con ella. El diálogo que se produjo fue el siguiente:

- Hola, sardina.

- Gonzalo. ¡Qué pena molestarte en estos momentos!

- No te preocupes. ¿Qué se te ofrece?

- Es que mi padre que, como tú sabes es el gobernador, me manda a preguntarte qué debe hacer para que las FARC no lo importunen más. ¿Cómo debe proceder él para que la guerrilla lo deje tranquilo?

Me quedé de una sola pieza. No sabía qué decir. Y no se me ocurrió otra cosa que decirle:

- Mira, en primer lugar, a pesar de lo que todos piensan yo no pertenezco a las FARC. Si fuera de las FARC estaría en el monte dando plomo. Pero como soy historiador y siempre estoy pendiente de lo que sucede, se me ocurre que lo mejor que puede hacer tu papá es renunciar y dedicarse a lo que mejor sabe hacer: escribir. Como gobernador del Cauca ha sido un verdadero desastre, así que yo creo que es lo más indicado.

La mujer me miró aterrada, me ofreció temblorosa la mano y me dijo:

- Gracias, Gonzalo. Le trasmitiré tu mensaje.

Dio la vuelta y se fue caminando por el corredor. Y le alcancé a decir en voz alta, casi gritando con un dejo de angustia en mi voz:

- Y quiero que tengas en cuenta que yo no soy de las FARC. ¿Oíste?

Marta Mercedes Castrillón no volteó a mirar siquiera y desapareció a la vuelta del recodo.

El hecho es que sin preámbulos, el viaje a Argelia a conversar con las FARC tuvo lugar una radiante mañana de 1993. En el jeep, el Corsario Negro, de Gustavo Mogollón, un áulico de Juan José que vivía de arrendar películas, íbamos yo, Chaux Mosquera y Rafael Albán. En el otro campero, que pertenecía a Chaux, fuera del conductor, iban los dos guardaespaldas del político, Chicangana y F3, que pertenecían al F2 y todo el tremendo armamento que llevaban, de largo y corto alcance. La primera parada en el viaje fue a tomar café en Timbío. La segunda, en el Bordo a almorzar, y allí me percaté de que la guerrilla nos estaba vigilando estrechamente. En un lugar en el que nos detuvimos a comprar algo, uno se me acercó y me pidió la hora mientras me “hacía ojitos”. ¿Uds. van para Argelia?, preguntó. Yo no le contesté. La tercera parada fue en la población de Balboa a la que los habitantes llaman el “Balcón del Patía”, pues está localizada sobre la vertiente oriental de la cordillera Occidental, a boca de jarro del complejo y enrevesado valle por donde el río Patía tuerce hacia el océano Pacífico. Tanto es así que desde Balboa algunos patojos de alta alcurnia y medios económicos suficientes se lanzan en parapente. En Balboa, en la tienda en la que nos detuvimos, encontré ¡Oh, sorpresa! cigarrillos Paxton, unos mentolados en caja blanca y verde que no veía desde antes de irme para Moscú. Le pregunté al tendero dónde los conseguía y me informó que venían del Ecuador. Había, claro está, mucha mercancía proveniente del sur. Curioseando, penetré tienda adentro y después de un patio donde quedaba el baño y oriné, se erigía un enorme depósito lleno de panales de huevos. Al volver a hablar con el tendero, le comenté que era muy bueno que la zona estuviera produciendo huevos y le pregunte que en donde los vendían, si en Popayán, en Pasto o en Cali.

- Esos huevos no los producimos nosotros. Vienen de Buga y van para dentro.

-¿Para dentro? ¿Para Argelia?

Asintió con la cabeza y quedamos abismados. A continuación dimos una vuelta por el poblado y en otro galpón que había cerca del parque principal pudimos comprobar que estaba hasta el techo repleto de cervezas Póker. Pregunté que para qué tanta cerveza, y el sujeto me indicó:

- En festivales y en conciertos esa cerveza se va rapidito.

Supimos entonces que en menos de quince días iban a cantar en Balboa Su Majestad, Jorge Oñate y Darío Gómez, el Rey del Despecho. Se trataba ni más ni menos que del irresistible poder adquisitivo de la coca, sí Señor. La coca que todo lo compra y todo lo consigue, ¡Si Señor! Si Balboa queda en la vertiente oriental de la cordillera Occidental, Argelia está situada en la occidental enfrente del océano Pacifico y fue originalmente tierra de indios Guapies, Telembíes y Barbacoas, tildados por los estudiosos de “salvajes” y exterminados con prontitud por los españoles que buscaban afanosos una salida expedita al mar. Los habitantes contemporáneos de Argelia datan de comienzos del siglo XX, cuando fundaron en el lugar una población que llamaron San Juan y se radicaron para explotar la cera de laurel, con la cual se hacían velas de excelente calidad, muy durables, que servían no solamente para alumbrar sino que también perfumaban el ambiente. Con el tiempo fueron llegando a la región colombianos de toda proveniencia, pero en los que predominaban naturalmente los caucanos, pero también los huilenses, los tolimenses y los nariñenses. Con el tiempo y a raíz de la generalización de la electricidad, la cera de laurel fue olvidada y poco a poco fue siendo reemplazada por la coca que a esa altitud de 1.700 mts sobre el nivel del mar se da de manera óptima. Y con la coca llegaron y se asentaron las guerrillas, el ejército, la policía, los delincuentes comunes y los paramilitares. Por lo pronto, las FARC establecieron en la zona el frente 60 que decían era uno de descanso. A tal frente enviaban a los combatientes heridos o cansados. Y cuando nosotros lo visitamos era comandado por un indígena Páez, a quien le decían o apodaban El Indio y que nunca pudimos conocer. También existía en la región, según nos contaron, un frente del ELN, pero con esa guerrilla no tuvimos ningún contacto. 

Un poco antes de llegar a Argelia, Juan José ordenó que nos detuviéramos en una tienda del camino. Yo con Rafael, claro, nos estábamos tomando una botella de ron que habíamos comprado en Balboa y estábamos subidamente prendidos, como de costumbre haciendo chistes con Mogollón y mamando gallo. Juan José entró a la tienda a comprar cervezas y nosotros nos quedamos en el carro. Al cabo del tiempo el hombre abrió la puerta trasera del jeep y nos preguntó si teníamos algún inconveniente en que lleváramos hasta el poblado a dos milicianos de las FARC. Le manifestamos que no, que no había problema, y se subieron dos muchachos de no más de 20 años de edad, vestidos de camuflado y armados con fusiles R15 y sendas pistolas al cinto. Bueno, he de confesar que era la primera vez en la vida que yo veía un guerrillero y sentí una especie de emoción. Nos corrimos y les hicimos espacio. Uno se sentó a mi lado y el otro al lado de Albán, enfrente de mí, con el fusil entre las piernas. Los revólveres al cinto de ambos personajes resplandecían. Les ofrecí un trago, y se negaron. Entonces pregunté:

- Muchachos y Uds. ¿en qué trabajan?

El que estaba enfrente mío sonrió de manera subrepticia y haciendo pucheros con la boca, me señaló el arma entre sus piernas. Y entonces volví a preguntar:

- Y, Uds. ¿dónde viven?

El tipo volvió a hacer pucheros con la boca, pero esta vez señalándome sin sonreír las montañas que nos rodeaban por todas partes. Y antes de comenzar a conversar con propiedad, apareció Argelia y los guerrilleros rápidamente se apearon. Nos despedimos con la amabilidad del caso, y no suscitamos –afortunadamente- ninguna actitud negativa por parte de los hombres armados, pues era imposible no comprender que Rafa y yo estábamos bastante borrachos. Y, como es conocido, Dios cuida a sus borrachitos. El hotel donde nos alojamos en Argelia que yo recuerde pertenecía a la familia Samboní y pronto la dueña nos contó que allí se estaba hospedando Cristina Simmons, la hermana de Laura, casada hoy con Cristóbal Gnecco, que realizaba un trabajo de campo en la zona creo que para las Naciones Unidas. Nos alegramos mucho de saberlo. A Juan José, Rafael, a mí y a los dos guardaespaldas nos dieron todo un piso, el tercero, en donde había en sucesión tres habitaciones, una con balcón a la calle, otra al medio y la tercera en el fondo, estas últimas sin ventanas. Mogollón y el otro conductor fueron hospedados en otro piso. Chicangana, Rafa y yo quedamos ubicados en la habitación con balcón. F3 en el cuarto del fondo y Chaux Mosquera, resguardado, en el cuarto del medio. Cosa que no nos gustó para nada, pues nosotros teníamos confianza era con F3, ya que lo habíamos conocido en la hacienda Versalles cuando era guardaespaldas de Guillermo Alberto González y de su hermana, María Alejandra. Entonces muy serios le comunicamos a Juan José que no queríamos dormir con Chicangana y que el que nos parecía adecuado era F3. De mala gana el político aceptó, y serían como las once de la noche cuando se produjo el trasteo de hombres, maletas y armamento de una habitación a otra. Chicangana con sus ametralladoras pasó al último cuarto y F3 se ubicó con nosotros en la habitación del balcón. Y entonces nos preguntó:

- Y, ¿para qué coños quieren Uds. dormir conmigo?

- Es que con vos sí podemos echarnos con tranquilidad un baretico. Vos sabes, Chicangana es bastante complicado y no le tenemos confianza -explicamos.

- ¡Malditos bastardos! –exclamó.

Y el avezado y enojado detective se cubrió la cabeza con la manta y se echó a dormir contra la pared. Nosotros, observando los techos que se extendían contra las obscuras montañas a lo lejos, procedimos a prendernos el bareto que teníamos de antemano preparado y, claro, dormimos como Reyes acompañados por el pausado ritmo de los ronquidos de F3. A la mañana siguiente durante el desayuno, Chaux nos comunicó que Mogollón, el otro conductor, Chicangana, F3 y todo el armamento tenían que quedarse en Argelia. Al Plateado, que era donde estaba concertada la reunión con la guerrilla, solamente iríamos Juan José, Rafael y yo. Y entonces procedimos a dirigirnos a coger los caballos que nos habrían de transportar hasta el lugar. Como todos los caballos en al campo colombiano eran animales pequeños, pero poderosos, sobre todo para moverse con toda libertad por esos andurriales. Más que caballos, parecían mulas. Y de Argelia, siempre con dirección al occidente, pasamos por el Mango, La Belleza y Sinaí donde había una institución educativa, siguiendo el camino a todo lo largo del río San Joaquín que cada vez se torna más y más corrientoso y termina convirtiéndose en el río Micay, uno de los más caudalosos y hermosos que he visto en la vida; sus aguas son de color verde turquesa y su corriente creciente e impetuosa, sumamente ruidosa que en espeluznantes borbotones se dirige por efervescentes cascadas hacia el occidente para desembocar en el océano Pacífico por la localidad de Noanamito. Era una de las ideas que Juan José Chaux tenía en la cabeza, y que como político, primero como representante a la Cámara y después como senador de la República, estaba empeñado en realizar: construir la hidroeléctrica del Micay que, de haberse logrado, habría convertido al departamento del Cauca en el proveedor de electricidad de todo el suroccidente colombiano y buena parte del norte de Ecuador. Desafortunadamente los antioqueños con su predominio, que hacen lo que les viene en gana, y más cuando Álvaro Uribe Vélez iba a llegar al poder en 2002, lograron a través del COMPES, un documento que determina en qué se gasta la plata en el país, que todo el dinero para hidroeléctricas se gastara en Hidroituango, y esto dio al traste con el proyecto de Chaux Mosquera. El hecho es que al cabo de una prolongada y tremenda cabalgata, a mediados de esa tarde arribamos al Plateado y la guerrilla nos recibió con todas las atenciones y la pompa del caso. No voy a referir qué sucedió en esa reunión porque Rafael Albán y yo no asistimos. Y no asistimos porque, escoltados por tres guerrilleros enfrente de un piélago de coca de inconcebibles proporciones que se perdía en la distancia, nos armamos unos tremendos baretos y nos los fumamos conversando con los guerrillos. Fue cuando Rafael les preguntó:

- ¿Y qué reglas han impuesto las FARC por estos lados? Aquí, ¿Cómo es la ley? ¿Cómo funciona?

- Pues en primer lugar, camarada, está terminantemente prohibido meter vicio, ya sea bazuco, cocaína o mariguana – explicaron.

- O sea que Uds. no pueden darse un plon, ¿cierto?

- De saberlo, nos pueden hacer consejo de guerra y fusilarnos. Así de sencillo. También está prohibido poner los cachos. Tanto a las mujeres como a los hombres. Los cuernos están terminantemente prohibidos. También está prohibido robar. En caso de asesinato, el asunto se estudia a fondo y al final se toma una decisión colectiva. Pero matar en general no está permitido.

- Y en cuanto a la hoja de coca, ¿cómo es el asunto? ¿Vive la guerrilla de la coca? –pregunté-.

- Está establecido que por cada kilo de coca que el campesino produce, la guerrilla obtiene el llamado “gramaje”, un porcentaje que va del 10 al 30 por ciento, dependiendo de la producción en un momento dado, y de las circunstancias.

- Y en cuanto a aquello de que está prohibido robar, ¿cómo es eso? – inquirió Rafael.

- Pues la vaina se refiere fundamentalmente a las herramientas de trabajo, a los alimentos en general y a las cargas de hoja de coca. También al dinero y a las armas, claro está.

El viaje de vuelta a Argelia se llevó a cabo de noche y ahí sí que admiré y me deslumbré con los caballos que sobre sus fuertes lomos nos transportaban. La noche estaba completamente cerrada y no se veía absolutamente nada. Pero esos animales sí veían. De vez en cuando trastabillaban con las piedras o los huecos del camino, pero pare de contar. Nunca rodaron por el precipicio, el cual no se veía pero si se adivinaba por causa del ruido que la vigorosa corriente fluvial, desplazándose a espaldas de nosotros, producía. Esa noche llegamos a dormir y volvimos a hacerlo como Reyes. Juan José todo el camino fue comentándonos los detalles de la reunión con las FARC-EP y afirmando que había sido un éxito. El Partido Liberal en su variante de Poder Popular iría a elecciones en el Cauca de la mano de la Unión Patriótica. Para el caso, el segundo renglón para la Cámara, tras Chaux Mosquera, sería para el camarada Pedro Vaca. Al otro día conversamos con Cristina Simmonds y nos dijo que había una buena discoteca a la que podríamos ir a bailar y a tomarnos unos tragos. Pero el hecho es que esa tarde decidimos ir a Sinaí a conocer la Institución Educativa que allí había y que era la más importante de la zona. Allí había numerosos guerrilleros que estaban jugando, unos Básquet, otros Vóleibol y otros fútbol. Y con ellos reunidos a mi alrededor les conté que yo había estudiado en Rusia y me exigieron que les contara acerca de la Revolución de Octubre. Pues la cosa resultó tan exitosa que al final me coronaron como el Rey de la coca y me comunicaron que le iban a solicitar a Chaux que me permitiera quedarme con ellos tres meses y que yo en ese tiempo les enseñaría Historia. Los tipos me hicieron asustar y por momentos pensé que me tendría que quedar a satisfacer sus ansias de conocimiento. Pero yo era docente de la Universidad del Cauca, y si no cumplía con la obligatoria presencia al cabo de los días de descanso, me podrían expulsar de la Institución. Afortunadamente no pasó el asunto de ser una broma más. Pero puedo afirmar que de haber estado yo jubilado por entonces, me habría quedado gustoso a educar a la guerrilla que harto lo necesitaba. Después de aclarar el impasse y establecer que yo volvería a Popayán en el tiempo previsto, volvimos a Argelia y nos fuimos a la discoteca que decía Cristina y nos tomamos unos tragos, bailando boogaloo. Al otro día estaba prevista una manifestación pública en la que Juan José se echaría un discurso explicándole a la población los acuerdos a los que se había llegado. Solo que, emocionado, como a veces usaba hacerlo, el hombre se pasó de tragos y no pudo hablar. Le tocó a Rafael Albán, que también estaba embriagado, reemplazarlo. Pero Albán es un buen orador, y la cosa salió bien.

Y llegó el día de retornar a Popayán. Juan José se había quedado sin billete y me vi obligado a prestarle para la gasolina. Nunca me devolvió ese dinero. Subimos a los camperos, maletas y armamento, botella de ron en mano y emprendimos satisfechos el camino. La misión se había cumplido. Pero en el camino sucedió algo que hubiera podido dar al traste con todo lo logrado. Chicangana se vino en el jeep de Mogollón y claro esta había cargado todo su armamento. Entre esos instrumentos había una ametralladora Ingram, similar a aquella con la que asesinaron a Luis Carlos Galán en Soacha. Le pregunte al guardaespaldas cómo era que se ponía el seguro al arma. Y el tipo me enseñó. Más adelante todos decidieron orinar y Mogollón parqueó y se bajaron a mirar en lontananza, mientras los chorros caían al abismo. Entonces me bajé yo tras ellos y con la Ingram asegurada entre mis manos, les dije:

- ¡Ahora, hijueputas, si van a ver lo que es bueno!

El esbirro, bien entrenado, se abalanzó sobre mí, me quitó con violencia la ametralladora y, dándome un sopapo en la cara, me levantó en vilo y me tiró sobre las piedras. Todos terminaron riendo a carcajadas, pero, gracias a mi estupidez, habría podido ser una tragedia y este escrito no se hubiera podido producir. El hecho importante es que a raíz de ese viaje y otros dos que emprendió Chaux Mosquera por su cuenta, siendo en el tercero secuestrado por las FARC durante tres o cuatro meses, el hombre fue elegido representante a la Cámara de 1994 a 1998, Senador de 1998 a 2002 y Gobernador del Cauca de 2004 al 2007, para con posterioridad ser nombrado Embajador de Colombia en República Dominicana. Cargo del que se vio obligado a renunciar pues fue acusado de nexos con el Paramilitarismo y el asunto se desarrolló de la manera siguiente: en 2008, siendo Fiscal de la Nación Mario Iguarán Arana, Ever Veloza García, con el fin de obtener de la JEP, Justicia Especial de Paz, la prebenda de 5 a 8 años de prisión, decidió confesar sus crímenes. Veloza admitió que había sido Jefe de los bloques Bananero y Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, que habían producido entre 5.000 y 10.000 asesinatos. Veloza fue imputado con los cargos de homicidio agravado en persona protegida, concierto para delinquir, desplazamiento forzado y terrorismo. El hombre afirmó que desde 1994 asesinó todos los días y en todos los pueblos donde tuvo misiones. Aseguró que utilizó moto sierras y torturó y descuartizó a muchas personas, la mayoría inocentes, pues era motivado por la sola sospecha. En sus explosivas declaraciones Veloza, alias H.H. o “Carepollo”, vinculó a sus actividades a autoridades políticas y a altos cargos de las Fuerzas Militares, empresarios y comerciantes, asegurando que entraba y salía de los cuarteles con toda libertad. Inclusive las compañías bananeras norteamericanas fueron vinculadas al fenómeno. 

Veloza se desmovilizó el 24 de noviembre de 2004, junto con 452 de sus hombres. En 2006 escapó y fue vuelto a capturar en 2007 en la localidad de Salgar en Antioquia. Compareció ante la JEP 35 veces y confesó que al comienzo actuó bajo las órdenes de Rito Alejo del Río, el “Pacificador de Urabá”, y ambos convirtieron al río Atrato en el auténtico “río de las tumbas”. Afirmó que terminó trabajando para los hermanos Castaño y concluyó señalando que los políticos del Cauca, Juan José Chaux y Luis Fernando Velasco, le habían solicitado colaboración con fines electorales. No estoy en condiciones de afirmar si ello fue resultado de la lectura de la biografía de Fest citada al comienzo del capítulo, una mala interpretación de los hechos, una coincidencia más, o una habladuría de “H.H.”. Como sucede con buena parte de los asuntos criminales en Colombia, nunca se les pudo comprobar nada. Juan José Chaux Mosquera murió el 19 de julio de 2021, ya avanzada la onerosa pandemia del Covid-19.

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