¿ Aún me amarás mañana ? Angelita

Aún me amarás mañana? 
https://www.youtube.com/watch?v=1cJuC7F-3Z4
En Spotify: https://open.spotify.com/intl-es/track/7qDzL81AdBRmENW1VscOgN?si=1c5c884e5aed4ce3


Mario Delgado Noguera

En los 70´s, este tema cuyo original es de la cantante gringa Carole King, era una canción que se escuchaba con frecuencia en la radio; buena parte de los universitarios la conocía, así como las de Eliana, Ana y Jaime, Pablus Gallinazus pues eran los tiempos de la canción protesta hecha en Colombia. Para muchos, 'Aún me amarás mañana' fue un acercamiento hacia el movimiento del Nadaísmo y hacia la pareja emblemática de Angelita y Gonzalo Arango, el poeta cuya vida terminó en 1976 en un accidente de auto cerca de Villa de Leiva. Esta versión de Angelita, evoca los lejanos aires de la protesta de los 60´s y 70´s cuando las utopías parecían posibles y la contracultura se expandía.

La protesta juvenil era multiforme, desde la rebelión con raíces marxistas a la influida por el movimiento de las flores californiano y la comunidad hippie y, por lo tanto, la música que se escuchaba seguía esa tendencia y luego iría hacia el rock sicodélico. Había gente en Colombia que escuchaba ese rock, quizá los más aburguesados, y otros, que tendían hacia la izquierda, se inclinaban hacia la nueva trova cubana y la nueva canción chilena. En Popayán estaba muy arraigada la música cubana y del Caribe. En Cali, el joven escritor Andrés Caicedo mostraría, en su novela 'Que viva la música', la migración del gusto por el rock hacia la salsa y la música del Caribe, presente y arraigada en los barrios más populares. 

Angelita



Encontrar en YouTube y en las redes esta canción tiene el sabor de la nostalgia de los 60´s, del disgusto general estudiantil hacia la sociedad y sus instituciones en la que nos encontrábamos y crecíamos. El disgusto se propagó desde Berkeley, donde nació, hacia el resto de Estados Unidos. En Francia, en mayo de 1968, todo un espectro político de estudiantes, desde el comunismo hasta el anarquismo, inició una protesta contra el sistema educativo que conmovió el país pues se acompañó de huelgas sindicales y conmoción social. 

En Latinoamérica, un continente con iniquidad y abismos sociales, dictaduras militares, represión y castas gobernantes inamovibles, la protesta juvenil tenía como aliciente la Revolución cubana. Ese era, a grandes rasgos, el trasfondo de esta canción de Angelita, la inglesa Angie-Mary Hickie, cantante y pintora, quien  en 1970 conoció a Gonzalo Arango en san Andrés islas y que ahora vive en un pueblo de Cundinamarca. 



Trasfondo político del Nadaísmo


Hay que viajar en el tiempo. La crónica comienza hasta una fecha que todavía resuena como una detonación: el 9 de abril de 1948. Ese día cae asesinado Jorge Eliécer Gaitán y, con él, una posibilidad de reconfiguración democrática de Colombia. En las calles de Bogotá se desata un incendio que no es solo urbano sino histórico que se ha conocido como el Bogotazo. A partir de ahí se abre el periodo llamado La Violencia, una guerra cruel donde liberales y conservadores se matan con denuedo. Más de doscientas mil muertes deja La Violencia donde la política se vuelve visceral, corporal y familiar: se sufre, se huye, se hereda, se desplaza.

La década siguiente no resuelve la fractura. En 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla toma el poder mediante un golpe de Estado. Su gobierno de dictadura blanda intenta imponer orden, pero la inconformidad civil y estudiantil erosiona su legitimidad. En 1957, las protestas lo obligan a retirarse. Entonces en Sitges, España, surge una fórmula que busca finalizar el conflicto bipartidista: el Frente Nacional. Desde 1958 hasta 1974, liberales y conservadores acuerdan alternarse la presidencia y repartirse el aparato estatal. El pacto estabiliza el sistema, pero restringe la participación política. El sistema se cierra sobre sí mismo.

Es en ese marco donde, casi como una fisura, aparece en Medellín un grupo de jóvenes que decide no negociar con el orden sino negarlo. En 1958, liderados por Gonzalo Arango, irrumpen con el primer manifiesto nadaísta. No se presentan como movimiento literario en sentido clásico, sino como intervención cultural que busca desacreditar las bases simbólicas del país. Según su manifiesto, la libertad intelectual pasa por la negación. Medellín es la ciudad de esa ruptura. Se trata de una ciudad con un profundo conservadurismo social, donde campea la moral católica y el orden conservador.

En ese ambiente, los nadaístas se perciben a sí mismos como sujetos asfixiados. La respuesta no es la reforma gradual sino el gesto disruptivo: panfletos, blasfemias, actos públicos que combinan provocación estética y desacato. Declaran no ser católicos en una sociedad donde la iglesia católica estructura la vida cotidiana. La blasfemia no es un accidente retórico, es un método. El panfleto su forma preferida de expresión.

Mientras tanto, en la década de 1960 en el mundo, la juventud surge como un actor autónomo y rebelde. En Colombia, sectores estudiantiles se politizan en organizaciones legales como el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL). La influencia de la Revolución Cubana redefine el horizonte de acción: algunos optan por la vía armada (El padre Camilo Torres muere en su primer combate con el brazalete del ELN), otros por la militancia institucional. En paralelo, otra franja juvenil como el nadaísmo adopta formas contraculturales: música rock, comunidades hippies, consumo de psicodélicos. El nadaísmo se ubica como una contracultura: su campo de batalla es el lenguaje y la cultura.

El movimiento no se expande a todo el país. Tiene resonancias en Cali, pero su núcleo permanece en Antioquia. Desde allí, polemizan contra todo: la academia, los poetas consagrados, los escritores emergentes, los amigos. Entran en conflicto con figuras como Marta Traba y con intelectuales de izquierda como Estanislao Zuleta. No buscan alianzas estables, pero si mantienen correspondencia por fuera y dentro del país. La confrontación es parte de su identidad.

En términos políticos, el nadaísmo no se alinea con la tensión de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Uno de sus integrantes, Eduardo Escobar, dice que el movimiento no tiene nada que decir frente al conflicto entre capitalismo y comunismo. Rechazan el eje ideológico binario y se sitúan en otra dimensión: la crítica del orden cultural que sostiene cualquier sistema político.

El contexto internacional amplifica esa sensibilidad. En el movimiento de Mayo del 68 con sus consignas como Prohibido Prohibir, estudiantes y trabajadores ocupan y hacen barricadas para hacer frente a la policía en las calles de París. La protesta estudiantil llega a México y termina abruptamente en la matanza de Tlatelolco. En Estados Unidos se protesta contra la guerra de Vietnam, que a la postre perderían los estadinenses. El movimiento hippie redefine las formas de vida, la moda, la sexualidad, critican el american way of life. En la Primavera de Praga, la protesta cuestiona la opresión soviética. Las luchas por los derechos civiles y la segregación racial en Estados Unidos introducen demandas de igualdad y libertad. Surge con fuerza el movimiento anticolonial en los países africanos. En ese clima global, la píldora anticonceptiva altera las prácticas sexuales y tensiona la familia tradicional.

El nadaísmo se conecta con ese pulso internacional, pero lo traduce a un contexto local específico: un país que intenta cerrar su conflicto político mediante acuerdos de élites, mientras mantiene intactas estructuras culturales restrictivas que el movimiento considera asfixiantes. La rebeldía nadaísta no busca tomar el poder ni reformar instituciones. Su objetivo es erosionar la legitimidad simbólica del orden existente.

Los jóvenes nadaístas que había optado en su rebeldía juvenil en el negar para existir, derivan hacia el misticismo como Gonzalo Arango y otros hacia el mercado publicitario. J. Mario y Eduardo Escobar escriben el El Tiempo. Muchos han criticado al movimiento como un club de mutuos elegíos y aunque se hizo poesía, reportaje y ensayos, también muchos cuestionan su influencia literaria.

Referencias

1.      Tirado Mejía, A. (2014). Los años sesenta: Una revolución en la cultura. Bogotá: Editorial Debate.

2.      Bolaños Palacios, J. A. (1997). Pequeña contribución para acabar de sepultar al nadaísmo. En C. Arcila, M. Cano, & J. M. Roca (Eds.), Memoria impresa: Antología del Magazín Dominical de El Espectador (pp. s. p.). Medellín: Universidad de Antioquia; Cooperativa Editorial Magisterio.



Comentarios

LeoAtlanta ha dicho que…
Gracias por la historia de esta hermosa canción y de Angelita.

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